Recuperando la Democracia.
La situación es crítica. No hace
falta más que echar un vistazo al estado actual de depresión económica y crisis
social que sacude a los PIGS (Portugal, Ireland, Greece, Spain; “pigs”= cerdos en inglés) y a otros
países como Gran Bretaña o Francia que comienzan a vislumbrar los problemas
asociados a las altas tasas de desempleo y una redistribución cada vez más
injusta de la riqueza. Esto no es nuevo, es un proceso que otras regiones ya
han experimentado y siguen padeciendo (América Latina, África, Sudeste
Asiático), demostrando empíricamente además que las políticas neoliberales cuyo
objetivo se centra en los movimientos crecientes del PIB (Producto Interior
Bruto) no son efectivas, ni aceptables en la mayor parte de los casos desde el
punto de vista social. El “milagro” de los BRIC (Brasil, Rusia, India, China; Briefly Recent Industrializing Countries)
se sustenta en crecimientos desmesurados del PIB con una distribución de la
riqueza generada absolutamente reprobable, tal y como demuestran diferentes
publicaciones de instituciones internacionales poco sospechosas de
izquierdistas como el Banco Mundial (BM) o el propio Fondo Monetario
Internacional (FMI). Quizá podría destacarse el caso de Brasil como una cierta
excepción en los gobiernos de Lula –y actualmente Dilma Roussef- que han
tratado de democratizar los beneficios obtenidos por el incremento del sector
exportador brasileño. Por otra parte, hablar de Democracia en Rusia, India o
China se antoja como poco ilusorio, al menos según la óptica de la
redistribución de la riqueza.
El problema entonces se antoja
global, y por lo tanto las soluciones deberían enfocarse desde un punto de
vista global. En el caso de España, las soluciones deberían plantearse en el
marco de respuestas colectivas entre los distintos estados y regiones que
conforman la Unión Europea.
El anuncio por parte de las centrales sindicales de una posible huelga general
a nivel europeo para el mes de noviembre es una buena noticia desde el punto de
vista de la configuración de frentes sociales que combatan las dinámicas
generales neoliberales que dominan el discurso político europeo. A nivel
institucional, es fundamental que la ciudadanía presione para redefinir el
papel de sus países dentro de las instituciones europeas. Las economías débiles
–o comparativamente débiles- de la zona Euro como España, Portugal, Irlanda o
Grecia se han mostrado impotentes para sostenerse dentro de un área económica
con una moneda tan fuerte que requiere unas políticas que resultan de difícil
aplicación dados los pilares básicos de sus economías. La pérdida de soberanía
de los Estados de la zona Euro en lo que se refiere a la financiación pública
amenaza de muerte a los países con un alto grado de endeudamiento, puestos a
merced de los mercados financieros que buscan optimizar el beneficio de sus
inversiones. Entonces, entran en juego otras instituciones como el FMI, el BM o
la OCDE
(Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económico) que “orientan” o
presionan a los gobiernos para influir decisivamente en sus políticas
macroeconómicas, que además inciden sobre las agencias privadas de calificación
que afectan directamente al coste de financiación de los Estados. Huelga decir
que estas instituciones no son democráticas, y se sitúan por encima de las
instituciones democráticas de los Estados, socavando los principios básicos de la Democracia y la
voluntad popular.
La crisis es total, absoluta y
requiere de un empoderamiento de la ciudadanía para recuperar los valores
democráticos. Estos valores democráticos que están volando por los aires con
las políticas de austeridad y el recorte en derechos fundamentales conseguidos
por la ciudadanía deben recuperar la credibilidad en la Política y la Democracia como
herramientas fundamentales. La participación ciudadana en la gestión de los
asuntos públicos a través de una mayor interacción entre las Instituciones y la
ciudadanía (referéndums regulares), la democratización de las estructuras de
los partidos políticos mediante mecanismos como las listas electorales abiertas
que permitirían superar la partitocracia
que amenaza con destruir por hastío la escasa credibilidad que las
instituciones políticas generan en la mayor parte de la población, apartándoles
de lo público. Que los partidos se comprometan a dar ejemplo a través de
códigos de conducta no escritos para higienizar la vida política y que se
eliminen privilegios absurdos que sólo separan a la llamada “clase política”
del resto de la sociedad, creando una brecha que se ensancha cada vez más. Que
la colusión de intereses entre lo público y lo privado y las puertas rotatorias
(cargo público – empresa privada – cargo público) sean no sólo detestables sino
denunciables puesto que ensucian a las instituciones y ofrecen un nefasto
ejemplo de decencia política. La presencia de antiguos cargos políticos de
primer nivel (Presidentes, Ministros) en consejos de administración de grandes
multinacionales es pornográfica. Sin contar con otro tipo de prebendas que
afectan a algunos congresistas que comienzan a desvelarse como el cobro de
dietas por traslado y estancia cuando disponen de viviendas en Madrid.
Y luego llegan los recortes, con una
población empobrecida, asolada por el desempleo, desahuciada, acosada por la
banca y empujada hacia la exclusión social y la desesperación ante unos
gobiernos que han bajado los brazos ante el ataque de los mercados y la falta
de solidaridad europea. Con un gobierno que se tapa los ojos y los oídos ante
un clamor creciente frente a la actual situación socio-económica y sigue
desarrollando toda una agenda de ajustes neoliberales con el que persiguen la
desregulación total y la destrucción total de los fundamentos básicos del
Estado del Bienestar. Con la excusa de la irreversibilidad y la ausencia de
alternativas, el Gobierno sustentado por la mayoría neoliberal instalada en las
Cancillerías europeas, el Gobierno avanza en solitario frente a una ciudadanía
que parece cada vez más resuelta a luchar por sus derechos frente a la ofensiva
antisocial del ejecutivo de Mariano Rajoy. No puede tolerarse que la “mano
invisible que gestiona la economía” se imponga a la política y a la Democracia. Es
necesario que la ciudadanía presione a sus gobernantes para profundizar en la
democratización y derrocar a estas políticas que pretenden que el libre mercado
sea el regulador de las políticas estatales. Se ha demostrado que las políticas
de libre mercado no sólo no han sido incapaces de salvaguardar el interés
general de la mayor parte de la población, ni mucho menos la redistribución justa
de la riqueza. Por el contrario acentúa las diferencias sociales y genera
exclusión y pobreza masiva. El incremento del peso institucional y las
políticas regulacionistas son esenciales para frenar y poner coto a esta
situación que se plantea irreversible. Profundizar en el rol del Estado como
garante del empleo y el bienestar de la población bajo parámetros de economías
mixtas debe volver a situarse en el tapete de la actualidad política. Como se
adelantó, esto implica un reajuste y una renegociación de los parámetros de
permanencia de los Estados en las instituciones europeas.