jueves, 4 de octubre de 2012



Recuperando la Democracia.

La situación es crítica. No hace falta más que echar un vistazo al estado actual de depresión económica y crisis social que sacude a los PIGS (Portugal, Ireland, Greece, Spain; “pigs”= cerdos en inglés) y a otros países como Gran Bretaña o Francia que comienzan a vislumbrar los problemas asociados a las altas tasas de desempleo y una redistribución cada vez más injusta de la riqueza. Esto no es nuevo, es un proceso que otras regiones ya han experimentado y siguen padeciendo (América Latina, África, Sudeste Asiático), demostrando empíricamente además que las políticas neoliberales cuyo objetivo se centra en los movimientos crecientes del PIB (Producto Interior Bruto) no son efectivas, ni aceptables en la mayor parte de los casos desde el punto de vista social. El “milagro” de los BRIC (Brasil, Rusia, India, China; Briefly Recent Industrializing Countries) se sustenta en crecimientos desmesurados del PIB con una distribución de la riqueza generada absolutamente reprobable, tal y como demuestran diferentes publicaciones de instituciones internacionales poco sospechosas de izquierdistas como el Banco Mundial (BM) o el propio Fondo Monetario Internacional (FMI). Quizá podría destacarse el caso de Brasil como una cierta excepción en los gobiernos de Lula –y actualmente Dilma Roussef- que han tratado de democratizar los beneficios obtenidos por el incremento del sector exportador brasileño. Por otra parte, hablar de Democracia en Rusia, India o China se antoja como poco ilusorio, al menos según la óptica de la redistribución de la riqueza.
            
El problema entonces se antoja global, y por lo tanto las soluciones deberían enfocarse desde un punto de vista global. En el caso de España, las soluciones deberían plantearse en el marco de respuestas colectivas entre los distintos estados y regiones que conforman la Unión Europea. El anuncio por parte de las centrales sindicales de una posible huelga general a nivel europeo para el mes de noviembre es una buena noticia desde el punto de vista de la configuración de frentes sociales que combatan las dinámicas generales neoliberales que dominan el discurso político europeo. A nivel institucional, es fundamental que la ciudadanía presione para redefinir el papel de sus países dentro de las instituciones europeas. Las economías débiles –o comparativamente débiles- de la zona Euro como España, Portugal, Irlanda o Grecia se han mostrado impotentes para sostenerse dentro de un área económica con una moneda tan fuerte que requiere unas políticas que resultan de difícil aplicación dados los pilares básicos de sus economías. La pérdida de soberanía de los Estados de la zona Euro en lo que se refiere a la financiación pública amenaza de muerte a los países con un alto grado de endeudamiento, puestos a merced de los mercados financieros que buscan optimizar el beneficio de sus inversiones. Entonces, entran en juego otras instituciones como el FMI, el BM o la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) que “orientan” o presionan a los gobiernos para influir decisivamente en sus políticas macroeconómicas, que además inciden sobre las agencias privadas de calificación que afectan directamente al coste de financiación de los Estados. Huelga decir que estas instituciones no son democráticas, y se sitúan por encima de las instituciones democráticas de los Estados, socavando los principios básicos de la Democracia y la voluntad popular.
            La crisis es total, absoluta y requiere de un empoderamiento de la ciudadanía para recuperar los valores democráticos. Estos valores democráticos que están volando por los aires con las políticas de austeridad y el recorte en derechos fundamentales conseguidos por la ciudadanía deben recuperar la credibilidad en la Política y la Democracia como herramientas fundamentales. La participación ciudadana en la gestión de los asuntos públicos a través de una mayor interacción entre las Instituciones y la ciudadanía (referéndums regulares), la democratización de las estructuras de los partidos políticos mediante mecanismos como las listas electorales abiertas que permitirían superar la partitocracia que amenaza con destruir por hastío la escasa credibilidad que las instituciones políticas generan en la mayor parte de la población, apartándoles de lo público. Que los partidos se comprometan a dar ejemplo a través de códigos de conducta no escritos para higienizar la vida política y que se eliminen privilegios absurdos que sólo separan a la llamada “clase política” del resto de la sociedad, creando una brecha que se ensancha cada vez más. Que la colusión de intereses entre lo público y lo privado y las puertas rotatorias (cargo público – empresa privada – cargo público) sean no sólo detestables sino denunciables puesto que ensucian a las instituciones y ofrecen un nefasto ejemplo de decencia política. La presencia de antiguos cargos políticos de primer nivel (Presidentes, Ministros) en consejos de administración de grandes multinacionales es pornográfica. Sin contar con otro tipo de prebendas que afectan a algunos congresistas que comienzan a desvelarse como el cobro de dietas por traslado y estancia cuando disponen de viviendas en Madrid.
Y luego llegan los recortes, con una población empobrecida, asolada por el desempleo, desahuciada, acosada por la banca y empujada hacia la exclusión social y la desesperación ante unos gobiernos que han bajado los brazos ante el ataque de los mercados y la falta de solidaridad europea. Con un gobierno que se tapa los ojos y los oídos ante un clamor creciente frente a la actual situación socio-económica y sigue desarrollando toda una agenda de ajustes neoliberales con el que persiguen la desregulación total y la destrucción total de los fundamentos básicos del Estado del Bienestar. Con la excusa de la irreversibilidad y la ausencia de alternativas, el Gobierno sustentado por la mayoría neoliberal instalada en las Cancillerías europeas, el Gobierno avanza en solitario frente a una ciudadanía que parece cada vez más resuelta a luchar por sus derechos frente a la ofensiva antisocial del ejecutivo de Mariano Rajoy. No puede tolerarse que la “mano invisible que gestiona la economía” se imponga a la política y a la Democracia. Es necesario que la ciudadanía presione a sus gobernantes para profundizar en la democratización y derrocar a estas políticas que pretenden que el libre mercado sea el regulador de las políticas estatales. Se ha demostrado que las políticas de libre mercado no sólo no han sido incapaces de salvaguardar el interés general de la mayor parte de la población, ni mucho menos la redistribución justa de la riqueza. Por el contrario acentúa las diferencias sociales y genera exclusión y pobreza masiva. El incremento del peso institucional y las políticas regulacionistas son esenciales para frenar y poner coto a esta situación que se plantea irreversible. Profundizar en el rol del Estado como garante del empleo y el bienestar de la población bajo parámetros de economías mixtas debe volver a situarse en el tapete de la actualidad política. Como se adelantó, esto implica un reajuste y una renegociación de los parámetros de permanencia de los Estados en las instituciones europeas.